Caso · Desde dentro · Fintech regulada
Una plataforma de inversión regulada, construida desde dentro en cinco semanas.
La app de los inversores, el back office y la relación con los partners de una fintech española de inversión estaban alquilados a un proveedor externo. El socio fundador de Mafeda Grow los rehízo formando parte del equipo, como responsable de revenue de la empresa y sin ser desarrollador, con IA como copiloto de programación. Sin presupuesto de desarrollo y a la vez que el trabajo comercial.
El punto de partida
Una empresa que vendía confianza sobre un sistema que no era suyo.
- La app de los inversores y el back office eran de un proveedor externo, con una cuota mensual de cuatro cifras. Cada cambio esperaba a su calendario, y ni el código ni los datos eran de la empresa.
- No había CRM. Los inversores se seguían en hojas de cálculo y en el panel del proveedor, y nadie podía ver la relación entera con un cliente en un solo sitio.
- La captación no medía: había gasto en anuncios y ninguna inversión que se pudiera atribuir a él, y la base de correo no estaba segmentada.
- El cumplimiento normativo, la prevención de blanqueo y la idoneidad del inversor, estaba en manuales. En un sector regulado, lo que no está en el sistema no se puede demostrar.
Las decisiones
Cuatro decisiones que pesaron más que el código.
Las reglas viven en la base de datos
Es dinero de terceros en un sector regulado. Si la regla de las dos personas o la prohibición de borrar un movimiento solo existen en la pantalla, un fallo o un error humano se las salta. En la base se cumplen siempre y se auditan en un único sitio.
Primero cuadrar, después migrar
El CRM empezó siendo una copia literal de los datos del proveedor, sin corregir nada. Se cruzó contra contratos y contabilidad, aparecieron decenas de cosas que no casaban, y solo con eso resuelto se preparó el cambio. Migrar datos sucios habría heredado los errores.
El cumplimiento es producto
El manual de blanqueo y la normativa de idoneidad se tradujeron en cuestionarios cerrados, niveles de riesgo, alertas y un rol de cumplimiento que trabaja sin ver la identidad en claro. Hacerlo después cuesta el doble, y mientras tanto no se puede demostrar.
Un cambio de un día, sin convivencia
Nada de meses con dos sistemas a la vez. Un corte de saldos de todo o nada, y los inversores importados con su acceso, para que ninguno tuviera que volver a registrarse el día del cambio.
Lo construido
Tres productos sobre una sola base.
Next.js, React, TypeScript y PostgreSQL alojado en la Unión Europea. La app y el CRM comparten núcleo y datos, así que lo que cambia en uno lo ve el otro al momento.
La app del inversor
Registro con verificación de identidad por API, test de idoneidad y origen de fondos. Fichas de proyecto con lista de espera, solicitud de inversión, cartera con saldo y movimientos, y firma de contratos dentro de la app, con periodo de reflexión. Treinta y dos pantallas.
El CRM y el portal de partners
Ficha completa de cada inversor, entradas y retiradas de dinero con aprobación de dos personas, liquidaciones al céntimo con simulador, originación de proyectos con su due diligence, y un portal donde los asesores ven sus clientes y sus comisiones. Setenta y cuatro pantallas.
La web pública
Una veintena de páginas, con las cifras de los proyectos saliendo de la propia plataforma en vez de escribirse a mano, blog, textos legales reescritos y la medición cargando solo tras el consentimiento.
Lo que no se ve
Una sola base de datos para todo, con 83 tablas y permisos fila a fila. Datos sensibles cifrados, cada acceso registrado, y casi cien ficheros de pruebas que se ejecutan en cada cambio antes de que nada llegue a publicarse.
Antes, una cuota mensual de cuatro cifras al proveedor. Ahora, unos cientos de euros al mes en servidores.
Antes, lo que tardara el calendario del proveedor. Ahora, horas o días, sin esperar a nadie de fuera.
Antes, manuales en papel. Ahora, 65 reglas que se aplican solas y dejan rastro de cada revisión.
Lo que este caso todavía no tiene es el después en ventas: la plataforma no ha abierto a inversores, así que no hay captación ni conversión que medir. Cuando las haya, estarán aquí.
¿Pagas por un software que no controlas?
O tienes a tus clientes repartidos entre hojas de cálculo y el panel de un proveedor. Es la otra mitad de lo que hacemos en Mafeda Grow: decidir qué hace falta y construirlo, en semanas y con el código a tu nombre. Empieza por el diagnóstico: en 24 horas está listo y en media hora te enseñamos por dónde empezaríamos en tu caso.
Se cuenta sin nombres porque se hizo formando parte del equipo de la empresa, no como proveedor. Las pantallas no se enseñan aquí; en una llamada te explicamos cómo está montado.